Los pajares (Santibáñez el alto)

Prado cuajado de flores y construcciones de Los Pajares

La zona tiene abundante agua: la Laguna Vieja en primer plano

Conjunto de edificaciones entre acebuches

A los pies del pueblo de Santibáñez el Alto, entre la montaña en la que se encarama la localidad y el pantano del Borbollón, uno encuentra un lugar sorprendente: un complejo con decenas de edificaciones rectangulares y paredes de piedra que forman una original agrupación de pajares, diseminados unos, agrupados otros, pero formando todos un maravilloso conjunto que de lejos puede parecer un viejo pueblo semiabandonado.
"Los Pajares" de Santibáñez fueron declarados Lugar de Interés Etnológico en 2010 como uno de los escasos conjuntos arquitectónicos de carácter  agroganaderos aceptablemente bien conservados de Extremadura.
Podemos llegar por un ancho camino, desde la carretera que une el Pantano de Borbollón con la EX-205, o hacerlo por un precioso sendero que baja desde el pueblo hacia la dehesa boyal donde están Los Pajares, mientras disfrutamos de unas vistas imponentes del embalse y de las llanuras que se extienden hacia Coria y Montehermoso.

Caballos pastando en Los Pajares

Edificaciones del conjunto en buen estado

Vista de varias edificaciones del conjunto

Siempre he visitado este paraje en primavera, en esos días luminosos de abril o comienzos de mayo en que la naturaleza está exultante y Los Pajares se visten de gala, rodeados de prados cuajados de flores, acebuches, fresnos, encinas. En lo alto, entre robles y castaños, Santibáñez, como vigilando y protegiendo sus pajares. 

No todas las edificaciones están en ruinas, muchas están en uso, otras semiabandonadas y algunas derrumbadas o engullidas por la maleza. Esa diversidad hace del conjunto arquitectónico un lugar vivo pero también con un aire ruinoso que le confieren los muros caídos y los techos derrumbados. Esa ruina de lo antiguo siempre me ha fascinado, esa sensación de soledad y abandono me atrae como un imán. Y la encuentro en Los Pajares, pero también encuentro vida, actividad, que me permiten disfrutar y hacerme una idea clara de lo que fue este lugar hace solo varias décadas.

El día de abril que hice estas fotos los robles ya renacían después del apagón invernal, los castaños todavía esperaban su momento, el majuelo se desbordaba de flores, el campo estaba lleno de agua, las charcas y fuentes que abundan por la zona se mostraban pletóricas después de días de generosa lluvia. Pasé más de cuatro horas deambulando entre muros y paredes, sentado junto a una puerta o tirado en la hierba rodeado de caballos que pacían sin prisa, haciendo fotos y más fotos, absorbido por un paisaje embriagador. Hice también un sencillo vídeo que dejo abajo. El tiempo pasó tan rápido que cuando miré el reloj descubrí que eran las cinco de la tarde y no había comido. Entre viejas piedras todo se para, también el tiempo.

Muros y construcciones de granito entre praderas y caballos

Detalle de una construcción rectangular

Algunas edificaciones están ruinosas

Los pajares se sitúan a los pies de la montaña

Interior en ruinas de una construcción

Viejas piedras por las que merece la pena andar

Construcción en buen estado de conservación

El robledal despierta en primavera en la montaña que vigila Los Pajares




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