Escocia: tierra de montañas y lagos

Cascada en el bosque The Hermitage (Dunkeld)

Bosque escocés al final de la tarde
Hay lugares que siempre has querido ver. Durante años te has hecho una idea cada vez más ideal de esos sitios, has visto fotografías, documentales, has oído programas de radio, te han contado los que allí han estado. Un día, por fin, vas. Temes que esa visión idílica se trunque, que luego no sea para tanto. Eso me pasó a mí con Escocia. Pensaba yo que puede que no fuera tan bonita, que sus montañas no fueran tan evocadoras, sus lagos tan bellos, sus bosques tan míticos, sus ciudades y pueblos como de cuento, sus castillos y abadías propios de una pintura romántica. Sin embargo, Escocia fue como la había soñado o mejor aún. 

Cascada en The Hermitage (Dunkeld)

Haya junto al sendero. The Hermitage (Dunkeld)
En un viaje a Escocia de ocho días no faltó de nada, ni siquiera la omnipresente lluvia, que solo estuvo ausente dos días. No es un país de altas montañas pero sí de montañas bellísimas, casi una treintena sobrepasan por poco los novecientos metros, son los munros. En las Highlands hay un valle glaciar rodeado de montes donde el paisaje escocés se vuelve mágico, especialmente si lo visitas, como me pasó a mí, en un día muy nuboso y lluvioso. Recuerdo a los turistas agolpados en la carretera haciendo fotos a las montañas como si fueran un decorado, sin atreverse a meterse en él. Yo no lo pude resistir y, a pesar de la persistente lluvia, me enfundé el cortaviento y mis botas (había fuerte lluvia, viento intenso y 14 grados) y entré en ese escenario de película, memorable.

Espectaculares lagos salpican toda la geografía escocsa. Es curioso, todo el mundo quiere ver el lago Ness pero es más especial el lago Lomond, el más grande y, para casi todos, el más hermoso. Muchos de sus ríos y lagos tienen un tono oscuro y su agua se nos muestra como tintada, con un color cobre que sorprende al viajero.


Hayas y pinos Douglas predominan en The Hermitage

Castillo de Urquhart junto al lago Ness

Escocia no es el país con más bosques. En el sur predomina un paisaje suave, de campiñas con pastizales y cultivos salpicados de bosquecillos, en el norte amplias zonas aparecen desnudas, aunque con gran belleza también. A pesar de ello, Escocia tiene masas forestales espectaculares donde el haya y el roble son los reyes. Es verdad que también aquí se han creado grandes explotaciones forestales de coníferas, pero no parecen generan los mismos problemas en el paisaje que en las tierras del sur de Europa. Yo me quedé prendado con los bosques que lindan con el lago Lomond en la zona de Balmaha o con el precioso parque forestal de The Hermitage, en Dunkeld (Escocia central), donde no puedes más que quedarte anonadado con la boca abierta cuando tras veinte minutos andando por un bellísimo sendero entre hayas y coníferas te encuentras con una cascada de ensueño.

Pero todo no puede ser perfecto. Algunos de los paisajes más conocidos estaban atestados de turistas (Glencoe, Urquhart), me costó una barbaridad hacer fotos en las que no apareciera esa marabunta que consume paisajes y lugares como quien compra en un supermercado o come una hamburguesa. Además, otro pero, fuera de las autovías la mayoría de las carreteras escocesas son infames, impensables para un país desarrollado, con un ancho mínimo, sin arcén. Eso también fue sorprendente.


Lago Ness

Impresionante silueta de las montañas del valle de Glencoe (Highlands)
en un día especialmente lluvioso

Paisaje de montañas y lagos propio de las Highlands

En las Highlands hay amplias extensiones mal drenadas y desprovistas de vegetación.
a pesar de lo cual el paisaje es también muy evocador

Montañas en las Highlands (Glencoe)

Monte Ben Lawers visto desde las cercanías del Lago Tay

Río Dochart


Puente sobre el río Dochart (Killin)

Rápidos de Dochart (Killin)

Conic Hill, junto al lago Lomond

Imponente ejemplar de haya a orillas del lago Lomond

Lago Lomond

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Paisaje que rodea el lago Lomond en Balmaha

Sendero en el bosque en Balmaha

Piscina de Perales del Puerto

Piscina con el puente sobre la Rivera de Acebo
Piscina de Perales antes del incendio de 2015.
El bosque de ribera y los robles situados a la izquierda sobrevivieron.
Los pinos que se ven a lo lejos desaparecieron.
La piscina de Perales del Puerto retiene las aguas de la Rivera de Acebo en un paraje precioso. El puente de la carretera de Coria a Ciudad Rodrigo parece protegerla, cobijándola y dándole más sombra aún que la que los alisos y fresnos le ofrecen de forma natural. Es uno de mis rincones favoritos para la primavera, cuando disfruto del río en este lugar tan especial mientras leo algún libro casi en soledad, sin las masas de bañistas que anegan el charco en los días centrales del verano, cuando la piscina es asaltada por ejércitos de las cercanas Coria y Moraleja. Por eso la disfruto en primavera, cuando todavía no es piscina pero también en las primeras jornadas del verano, a finales de junio y comienzos de julio, en días de diario en los que aún es agradable bañarse sin agobios. Mis primeros chapuzones del verano son aquí. Vienes sudado y cansado de una buena caminata en el monte, te quitas las botas y el agua fría te reconforta como pocas cosas en la vida. Sin mis lecturas primaverales y mis primeros baños veraniegos en la piscina de Perales la Sierra de Gata no sería la misma.


Ojos del puente de la carretera de Coria a Ciudad Rodrigo
 sobre la piscina de Perales
El incendio de verano de 2015 dañó brutalmente el maravilloso entorno que rodea el lugar. Los pinares fueron arrasados y el bosque de ribera aparentemente muy tocado. Pero la naturaleza es milagrosa: buena parte de la aliseda se recuperó, los fresnos que están al otro lado del puente, donde se conservan restos de antiguos molinos, también lograron reponerse. Además, rebrotó el puñado de robles que dan sombra en los alrededores, sólo los pinos ya no están. Hoy, cuando te bañas parece que el fuego es algo muy lejano y el lugar ha recuperado lo esencial de su belleza.


Cola de la piscina de Perales escoltada por el bosque de alisos

Los pajares (Santibáñez el alto)

Prado cuajado de flores y construcciones de Los Pajares

La zona tiene abundante agua: la Laguna Vieja en primer plano

Conjunto de edificaciones entre acebuches

A los pies del pueblo de Santibáñez el Alto, entre la montaña en la que se encarama la localidad y el pantano del Borbollón, uno encuentra un lugar sorprendente: un complejo con decenas de edificaciones rectangulares y paredes de piedra que forman una original agrupación de pajares, diseminados unos, agrupados otros, pero formando todos un maravilloso conjunto que de lejos puede parecer un viejo pueblo semiabandonado.
"Los Pajares" de Santibáñez fueron declarados Lugar de Interés Etnológico en 2010 como uno de los escasos conjuntos arquitectónicos de carácter  agroganaderos aceptablemente bien conservados de Extremadura.
Podemos llegar por un ancho camino, desde la carretera que une el Pantano de Borbollón con la EX-205, o hacerlo por un precioso sendero que baja desde el pueblo hacia la dehesa boyal donde están Los Pajares, mientras disfrutamos de unas vistas imponentes del embalse y de las llanuras que se extienden hacia Coria y Montehermoso.

Caballos pastando en Los Pajares

Edificaciones del conjunto en buen estado

Vista de varias edificaciones del conjunto

Siempre he visitado este paraje en primavera, en esos días luminosos de abril o comienzos de mayo en que la naturaleza está exultante y Los Pajares se visten de gala, rodeados de prados cuajados de flores, acebuches, fresnos, encinas. En lo alto, entre robles y castaños, Santibáñez, como vigilando y protegiendo sus pajares. 

No todas las edificaciones están en ruinas, muchas están en uso, otras semiabandonadas y algunas derrumbadas o engullidas por la maleza. Esa diversidad hace del conjunto arquitectónico un lugar vivo pero también con un aire ruinoso que le confieren los muros caídos y los techos derrumbados. Esa ruina de lo antiguo siempre me ha fascinado, esa sensación de soledad y abandono me atrae como un imán. Y la encuentro en Los Pajares, pero también encuentro vida, actividad, que me permiten disfrutar y hacerme una idea clara de lo que fue este lugar hace solo varias décadas.

El día de abril que hice estas fotos los robles ya renacían después del apagón invernal, los castaños todavía esperaban su momento, el majuelo se desbordaba de flores, el campo estaba lleno de agua, las charcas y fuentes que abundan por la zona se mostraban pletóricas después de días de generosa lluvia. Pasé más de cuatro horas deambulando entre muros y paredes, sentado junto a una puerta o tirado en la hierba rodeado de caballos que pacían sin prisa, haciendo fotos y más fotos, absorbido por un paisaje embriagador. Hice también un sencillo vídeo que dejo abajo. El tiempo pasó tan rápido que cuando miré el reloj descubrí que eran las cinco de la tarde y no había comido. Entre viejas piedras todo se para, también el tiempo.

Muros y construcciones de granito entre praderas y caballos

Detalle de una construcción rectangular

Algunas edificaciones están ruinosas

Los pajares se sitúan a los pies de la montaña

Interior en ruinas de una construcción

Viejas piedras por las que merece la pena andar

Construcción en buen estado de conservación

El robledal despierta en primavera en la montaña que vigila Los Pajares