Tesoros escondidos de la Cordillera Cantábrica: Redes y Ponga en Asturias, Valles de Soba y Asón en Cantabria

El bosque, en especial el hayedo, es el rey del Parque Natural de Redes

Vistas desde Soto de Agues, en el conceyu  de Sobrescobio (Redes)

Vistas desde un camino en los alrededores de Bezanes (Redes)

Hay lugares donde va todo el mundo. Eso tiene inconvenientes y ventajas. Por un lado se hace difícil una visita sosegada y terminas aplazándola. Pero por otro lado, permite que otros parajes igualmente maravillosos pero poco conocidos puedas disfrutarlos sin agobios, incluso en soledad. Todo un lujo.

En la Cordillera Cantábrica hay de los dos tipos: en verano tienes que entrar a empujones en los Picos de Europa asturianos y cántabros (no así en los leoneses) mientras que parques naturales absolutamente impresionantes como Ponga y Redes en Asturias o los Collados del Asón en Cantabria tienen un turismo tranquilo, su vida en verano se altera ligeramente por la presencia de un número nada abrumador de amantes de la naturaleza que se aloja en sus casas rurales. Visitando este verano estos últimos paraísos tuve el placer de empaparme casi hasta la sobredosis de un binomio del que parece que no me canso nunca: montañas y bosques.


En las partes altas del Parque Natural de Redes el bosque lo inunda todo

Desde los alrededores de la bonita aldea de Orllé (Redes)

Caleao (Redes) preserva magníficos ejemplos de arquitectura rural.

Paseando por Caleao (Redes)

En Redes el bosque deja paso en las zonas bajas al aprovechamiento ganadero

Río Alba, trubutario del Nalón (Redes)

Desfiladeros de la Ruta del Alba, precioso sendero
que parte de la aldea de Soto de Agues (Redes)

El río Alba aparece jalonado por numerosas cascadas

Impresionante cascada que aparece después de transitar
por las Foces del Llaímo, en la Ruta del Alba (Redes)

Cuando se habla de bosques en estos enclaves privilegiados el rey es el hayedo, que domina las áreas más elevadas y umbrosas y se asocia en ocasiones con otras especies (por ejemplo el acebo en Ponga). En zonas más bajas podemos encontrar también nogales, castaños y por supuesto, diversas variedades de robles (carbayo, rebollo, roble albar, etc.). En mi querida Sierra de Gata proliferan castaños y rebollos, también vemos algunos carbayos y nogales e, incluso, acebos, pero no hayas. Son árboles majestuosos y bellísimos, que en otoño logran una evolución cromática inigualable. Recuerdo la primera vez que las vi, a los diecinueve años, con la mochila a cuestas, remontando a pie el Narcea hacia los hayedos de Monasterio de Hermo, en el occidente asturiano. La segunda vez fue en el norte de Navarra, camino del Batzan, ya habían pasado unos cuantos años y las saludé como si fuera la primera vez: paré el coche en plena carretera y me interné en el bosque durante unos minutos, acogido por cientos de sorprendidos árboles. Desde entonces son muchas las veces que me he visitado  hayedos  y he disfrutado siempre como un niño.


Caminando por el mítico bosque de Peloño, en el Parque Natural de Ponga

Magnífico ejemplar de haya en Peloño (Ponga)

Entre viejas hayas en Ponga

Majada en el Parque Natural de Ponga. En un día claro se verían al fondo
los Picos de Europa

Vistas desde Beleño, en el conceyu de Ponga

Verano en Beleño

El río Ponga se abre hueco entre las montañas creando espectaculares
desfiladeros

De los tres parques naturales cantábricos sobre los que versa esta entrada, sólo el de Redes lo había visitado anteriormente. Fue hace cuatro años, cuando decidí recorrer las montañas del norte durmiendo en mi vehículo, desde Somiedo en Asturias a Cabuérniga en Cantabria. Por casualidad, compré una guía de espacios naturales asturianos y en ella aparecían Redes y Ponga. Improvisé y encontré tiempo para adentrarme en el primero, prometiéndome hacer una nueva visita que esta vez también incluyera Ponga. Los Collados del Asón son otra historia, mi hermano estuvo el año pasado por allí y me recomendó encarecidamente que los visitara. No me arrepiento.

En ninguno de estos lugares mágicos sentí sensanción de masificación, al contrario. En  los valles cántabros de Soba y Asón apenas había un puñado de turistas, la mayoría gente tranquila que buscaba bosques y paisajes como yo. El valle de Soba es bellísimo, cerrado en su parte baja, se abre en su cuenca alta dejando un idílico paisaje de aldeas y prados. Pero más impresionante es el valle del Asón, con una forma muy característica que delata su origen glaciar. Allí nace el río como de la nada, surge de la paredes calizas cayendo al vacío en una gran cascada.

En Ponga la sensación de soledad se acrecentó, si exceptuamos la ruta que hice por el mítico bosque de Peloño, donde observé cierta presencia de senderistas, aunque nunca excesiva. Si comparamos este espacio natural con los vecinos Picos de Europa, la diferencia es abismal: no logro comprender como todo el mundo se hacina empeñado en ver Covadonga, Poncebos, etc. y solo unos kilómetros más al oeste está este paraíso de Ponga ajeno a ese trajín. Recuerdo cuando pasé camino del bosque de Peloño por Cangas de Onís, con un atasco monumental, y solo unos minutos después estaba disfrutando en casi soledad del impresionante desfiladero que el río Ponga ha hecho para evacuar sus aguas hacia el Sella.

En Redes el turismo natural ha llegado pero lo ha hecho con mesura, como sin querer molestar. De hecho, en pleno agosto visité muchos de sus pueblos solo: Caleao, Bezanes, Orllé son ejemplos de la conservación de la arquitectura rural que uno puede explorar sin agobios y que contrastan con otros pueblos turísticos convertidos en verdaderos parques temáticos donde la gente pasa a toda velocidad haciendo fotos y comprando recuerdos: La Alberca, Santillana del Mar, etc. Únicamente en la zona más accesible de Redes, en el conceyu de Sobrescobio, se apreciaba algo más de turismo. Un ejemplo es la bellísima aldea de Soto de Agues y su conocida Ruta del Alba. Este camino es verdaderamente alucinante y en muchos aspectos más recomendable que la ruta del Cares pero, por suerte, mucho menos transitado. Transcurre junto al río Alba por un desfiladero espectacular que en su parte final se estrecha y te deja con la boca abierta, mirando hacia arriba como un tonto mientras intentas también disfrutar del sinfin de cascadas que el río nos regala mientras baja de la montaña. 


Aldea de Tanda vista desde Taranes (Ponga)

Inmensos bosques en Ponga

Precioso pueblo de Taranes, a la sombra del imponente Tiatordos

El agua corre por los arroyuelos que proliferan en Ponga

Parque de Ponga

La Cordillera Cantábrica esconde otros grandes tesoros cada vez más conocidos como Muniellos o Somiedo en Asturias y el Parque Saja-Besaya en Cantabria. Son lugares todavía no masificados pero cada vez más transitados y de los que casi todos hemos oído hablar. Pero todavía quedan lugares especiales donde moverse sin agobios, donde el tiempo pasa despacio y la naturaleza descansa sin ajetreo, sosegada. Redes, Ponga y los Collados del Asón son un ejemplo, pero hay más, el Parque Natural de las Ubiñas- La Mesa es también un enclave desconocido por el gran público. Mi objetivo es volver a los tres primeros, queda mucho por ver y disfrutar, pero también adentrarme en las montañas de ese último: los bosques de Valgrande y de los conceyus de Quirós y Teverga me están esperando. Espero llegar a tiempo de disfrutarlos antes de que la presión turística también llegue allí.

Valle del Soba visto desde las cercanías del nacimiento del río Gándara

En las zonas altas del Valle de Soba predominan los prados
para el aprovechamiento ganadero

Valle del río Asón en su nacimiento

Imponentes paredes de piedra caliza rodean el Valle del Asón

Viejas hayas cerca del nacimiento del Asón

Cascada del nacimiento del Asón

Vista a lo lejos del Parque Natural de los Collados del Asón,
desde el Puerto de las Alisas

Alcornoques en la Sierra de Gata


Alcornoques en pleno invierno, cerca de Cadalso, en la ladera de la Almenara

Alcornoques recién descorchados en la Sierra de la Cachaza,
cerca de San Martín de Trevejo

El Quercus Suber es un árbol soberbio. Los ejemplares maduros pueden alcanzar una altura considerable, con un tronco de gran grosor y una copa imponente. Es, sin duda, el gran árbol del mundo mediterráneo.
En la Sierra de Gata el alcornoque está muy presente, rara vez formando grandes masas, generalmente son bosquecillos o árboles aislados presentes en áreas serranas de altitud media o baja. En zonas a menor altitud, en el piedemonte de la Sierra, aparecen algunas dehesas de alcornoques, como ocurre entre Cilleros y Perales o en la zona de Hernán Pérez, justo delante del farallón que representa la Sierra de los Ángeles.
Al margen del maravilloso castaño, al que venero, el alcornoque es para mí un árbol especial. Cuando ando por las montañas sierragatinas y me encuentro con uno o varios de estos espléndidos árboles, suelo abandonar el camino y acercarme a ellos, tocar su rugoso tronco y saludarlos. En ocasiones se ven desde lejos, con su corcho recién sacado y ese característico color rojizo-anaranjado.


Sombra reconfortante de alcornoques en la zona de Los Arenales,
en las cercanías del Canchal del Burro (Perales del Puerto)

Alcornoques jóvenes en el alto Árrago, en el camino entre Robledillo de Gata
y la ermita de Santo Tomé

Alcornoques y madroños crecen entre un denso pinar junto a la Rivera del Sabugal,
en Valverde del Fresno

Alcornoque junto al arroyo de las Cabreras, con la Sierra Baja al fondo (Gata)

Alcornoques en las cercanías de Hoyos

Alcornoque en las cercanías de Robledillo de  Gata

Alcornoques cerca de Torre de Don Miguel, próximos al arroyo de la Lobera.
Sus troncos negros recuerdan que sobrevivieron al fuego hace unos años

Dehesa de viejos alcornoques entre Cilleros y Perales

Alcornoques en la Sierra de Santa Olalla, junto a Cilleros

Alcornoques entre las ruinas del Convento del Hoyo (Gata)
Jóvenes alcornoques en las cercanías del Convento del Hoyo (Gata)

Imponente alcornoque entre las ruinas de una majada
en el Valle del río San Blas (Gata)

Magnífico tronco de alcornoque (en el centro de la imagen) rodeado por un
tupido bosque de castaños y robles cerca de Gata

Alcornoques entre castaños en las proximidades de Gata

Repoblación con alcornoques en las cercanías de Hernán Pérez,
con la Sierra de Los Ángeles al fondo

La dehesa de alcornoques tiene gran presencia en los alrededores de Hernán Pérez

Barrio del Regajo (Gata)

Primeras casas del Barrio del Regajo

Calle principal que recorre el Barrio

Hay un lugar en Gata que ningún viajero debería perderse. Está en lo alto del pueblo, apartado, no tiene un gran atractivo patrimonial pero su ubicación lo hace especialmente interesante. Desde allí las vistas de Gata son inigualables. Entre rocas y con un marcado desnivel un puñado de viejas y humildes casas, hoy la mayoría en desuso, arruinadas o convertidas en establos y cobertizos, se encaraman a la ladera de la montaña. Solo un par de ellas están habitadas y ligeramente reformadas, el resto son testigos de antiguos tiempos en los que gente muy humilde sacó adelante a sus familias en aquellas casitas de piedra.

La naturaleza rodea el Barrio del Regajo


Almendro en flor junto a una de las pocas casas habitadas


Viejos muros de piedra y paredes derrumbadas abundan en el Barrio

La última vez que subí hice la mayoría de estas fotos. Un hombre no demasiado mayor que venía de dar de comer a sus gallinas se detuvo a hablar conmigo. Me dijo: ahí donde tengo las gallinas nací yo. Aunque todo esto está medio en ruinas, aquí vivíamos muchas familias. Hoy viene mucho visitante a dar una vuelta por aquí.
Yo recomiendo un paseo por el barrio del Regajo, con sus edificios en ruinas y sus viejas casuchas de piedra. Al final del todo, cerca de una de esas modestas construcciones, unas encinas jóvenes junto a varias peñas de granito sombrean un lugar perfecto para descansar acompañados de un buen libro mientras disfrutamos de unas vistas privilegiadas de uno de los pueblos más bonitos de la Sierra de Gata.

Impresionantes vistas del valle y del pueblo de Gata desde el Barrio del Regajo


El Barrio en invierno


Frutales junto a viejos muros de piedra


En un día de lluvia las nubes cubren el Barrio


Una pequeña casa de aperos por encima del Barrio,
entre pinos, castaños y helechos